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Perder el miedo a la risa

Le tuve miedo a la risa, a sonreír, a reír a carcajadas, a darme la oportunidad de volver a ser feliz sin tener que estar a la defensiva o esperar siempre lo peor. Me pasó a mí, sin planearlo, sin pensarlo, simplemente un día sucedió, sin darme cuenta, esta conducta se había instalado en mi vida para convertirse en mi manera de reaccionar y de enfrentarme a las diferentes situaciones a las que todos los seres humanos estamos expuestos.

Cuando la vida nos sorprende con malas noticias, cuando las cosas no salen como lo deseábamos y a la vuelta de la esquina nos está esperando lo inesperado, ese evento viene a desestabilizar todo lo que suponíamos teníamos bajo control. Por instinto, una de las primeras reacciones que vamos a tener cuando nos vemos sorprendidos por situaciones adversas, es el de protección. El instinto de protección es bueno, nos mantiene a salvo de los peligros naturales y también nos ayuda con la intuición, sin embargo, cuando no tenemos la claridad para discernir que la amenaza ya ha pasado y desactivar, por decirlo de alguna manera, las alertas que nos hacen entrar en modo de protección, ese comportamiento se convierte en un estilo de vida que puede causarnos mucho daño e impedirnos avanzar. El estilo de vida de modo protección nos hace vivir a la defensiva, rechazando lo bueno que llega a nosotros y nos impide muchas veces, aceptar con tranquilidad y naturalidad a personas que aparecen o que ya están en nuestra vida para hacernos mucho bien.

Cuando a mi puerta tocó la mala noticia, cuando en un frío consultorio de hospital, un doctor me comunicaba lo que estaba sucediendo dentro de mi cuerpo, en ese momento todas las alertas internas se encendieron. Supe por instinto que para mantenerme en modo sobrevivencia, no podía exponer mi corazón a nada ni a nadie, porque corría el riesgo de resultar más herida, más dañada, más golpeada, grave error del sistema de instinto de protección. El instinto de protección aunque es bueno, no es infalible, porque reacciona por impulso y no tiene el criterio para distinguir a qué y en quién sí poder confiar, pero eso lo vine a entender muchos años después. Me fue difícil darme cuenta que había perdido tiempo valioso de mi vida negándome muchas oportunidades para volver a sentir alegría por vivir. Debo ser sincera y confesar, que después de aquella terrible noticia inesperada, cuando sentí cómo la esperanza truncada desgarraba lo más profundo de mi alma, dejando heridas muy difíciles de curar, creí, sinceramente creí, que no era merecedora que cosas buenas sucedieran en mi vida. Esta fue una etapa en la que estuve confundida, permití que este instinto de protección se quedará más tiempo del necesario, porque sentí que el peligro era muy grande y amenazador, entonces en lugar de que este instinto me protegiera y fuera mi aliado, más bien se convirtió en el peor enemigo y saboteador de mi vida, aislándome de todo lo bueno, que aunque no era capaz de ver, seguía sucediendo a mi alrededor.

Perdí a mis hijos, me convertí en otra mujer más del gran grupo de mujeres que les toca pasar por eso, una más de todas esas valientes que de un día para el otro lo que esperaban con ilusión y amor se vio truncado por las cosas de la vida. Pero esta es mi historia, la tuya puede ser la pérdida de una relación, un matrimonio destruido, un amor que se fue sin dar muchas explicaciones, o la pérdida de un sueño profundo de tu corazón, un proyecto que levantaste a punta de esfuerzo y dedicación, que luego otro más, te lo quiso venir a quitar. Muchas, muchas cosas que no esperamos y que se salen de nuestro control pueden tocar a nuestra puerta en cualquier momento y dejarnos fríos, sin aliento, sin esperanza y sin vida, haciendo que todas las alertas internas de protección se activen para salvaguardarnos de una tragedia. Sabes cuál fue uno de los síntomas que percibí en mí y que me alertó que algo estaba muy mal, dejé de reír. Un día me percaté que tenía miedo a volver a reír, de volver a ser feliz, porque entonces corría el riesgo de ser herida de nuevo. Un absurdo mecanismo de defensa, que reconozco hoy que al igual que yo lo sufrí, muchos otros lo están padeciendo. Por esto escribo este blog, para advertirte, para que hagas un alto y te autoevalúes, para que seas consciente si le tienes miedo a la risa.

La risa es una medicina maravillosa y también un buen indicador de la salud de nuestras emociones, es quizás lo primero que perdemos y lo último en recuperar en un momento de crisis. Cuando hemos pasado por mucho, sea lo que sea por lo que hayamos pasado, si le permitimos a nuestro instinto de protección quedarse más tiempo del necesario, nuestra risa se nos va a empezar a apagar, y cuando quiera salir de nuevo, porque no todo es malo en la vida, con las tristezas también llegaran cosas buenas, entonces nos daremos cuenta que tendremos que aprender a perderle el miedo a la risa. Tenemos que reaprender a darnos la oportunidad de volver a ser feliz, a levantarnos y a disfrutar de otras cosas y personas que llegan a nosotros para sumarnos felicidad. Si has estado aislado más del tiempo prudencial después de una crisis en tu vida, es momento para salir y reconectar con quien eres y con todo lo bueno que está a tu disposición, no viniste a esta tierra a sufrir. ¿Sabes que la risa también es un instinto? Los estudiosos del tema coinciden que la risa es nuestra respuesta biológica ante determinados estímulos y que rara vez se produce en espacios de soledad. Sí, ya se, probablemente, me vas a decir que te has encontrado riendo solo, eso puede pasar y está muy bien, pero según los expertos, desde tiempos remotos, la risa es para los seres humanos un sinónimo de grito triunfal ante el adversario o ante situaciones adversas. ¿Te das cuenta del poder que tiene la risa?

Mientras el instinto de protección nos mantiene a salvo en modo de sobrevivencia, la risa nos lleva a un nivel superior de vida, nos conduce al triunfo sobre las tristezas y nos abre la puerta para que cosas buenas comiencen a suceder en nosotros. Lo mejor de todo esto es que mientras el instinto de protección nos aísla, la risa nos conecta con otros, porque es una expresión que compartimos con otras personas cuando sentimos alivio después de pasar una situación de peligro. Cuando comienzas a volver a llenar tu vida de risas, tu casa de risas, tus conversaciones de risas, pero risas de verdad, de esas que no solo se ven en los labios sino que también se ven en los ojos, y que rompen silencios para crear una sintonía que augura esperanza, entonces es cuando estás listo para abrazar todo lo bueno que te rodea.

Y a ti, ¿qué te ha quitado la risa?, ¿por qué tienes miedo de volver a reír? Yo se, pueden ser muchas situaciones difíciles y todas muy válidas, pero no dejes que tu instinto de protección te mantenga en modo sobrevivencia. Levántate y ríe, ríe con otros, encuentra y recupera la confianza, no todos quieren hacerte daño, hay muchos cerca de ti que quieren reír contigo. Juntos podemos levantar nuestras risas y con esto hacer nuestro grito triunfal y decirle a nuestros miedos que la amenaza ya pasó. Levántate y ríe porque ya pasó el tiempo de sobrevivir, ahora es el tiempo de vivir con profunda alegría y sentido de propósito.

¡Ríe y no pares de reír!

Por Kenia Salas

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