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Es silencio, no ceguera

Silencio, ¿conoces el significado de esta palabra? Silencio, en el sentido más básico y simple se traduce como ausencia de ruido, sin embargo, esa ausencia de ruido, puede tener diferentes interpretaciones dependiendo de quien escucha y de la perspectiva con que se le mire. Para algunos el silencio es paz, para otros es soledad, algunas veces el silencio es indiferencia y otras admiración. Esta diversidad de interpretaciones del silencio, provoca en nosotros, los seres humanos, diferentes y muy variadas reacciones, algunas que nos producen bienestar y otras que pueden llegar hasta quitarnos la paz. El silencio es poderoso, el silencio sana o el silencio enferma, puede conducirnos a la vida o llevarnos a la muerte. La ausencia de ruido es una moneda de doble cara, en una cara podemos encontrar nuestra salud mental y en la otra nuestro desequilibrio emocional. Porque he entendido el gran poder que tiene el silencio, porque soy una sobreviviente de silencios mal intencionados, porque se que también el silencio es medicina, es que hoy encuentro oportuno e interesante dedicar este espacio para discutir acerca de él, las diferentes interpretaciones que hacemos y cómo podemos utilizarlo a nuestro favor para mejorar la relación que tenemos con nosotros mismos y con los que nos rodean. 

Soy del tipo de persona que le gusta conversar, me encanta contar historias, comunicar lo que pienso a través de mis palabras. Soy experta en eso de romper los silencios, porque desde niña, una de mis actividades favoritas era pasar horas en largas conversaciones con mis amigos, inventando historias para entretenernos. No necesitaba de mucho para echar a volar la imaginación y crear cuentos impresionantes, eso fluía de forma natural, pero cuando se trataba de expresar mis sentimientos, ahí la cosa se ponía un poco difícil. Definitivamente, no era lo mismo dejar salir las fábulas mágicas que rondaban en mi mundo de las ideas a poder abrir el corazón, tratar de interpretar lo que estaba sintiendo y dejarlo salir en forma de palabras, para que otros también pudieran entenderlo. Mi lucha interna de poder comunicar mis sentimientos a través de las palabras la empecé a vivir desde niña, pero se incrementó conforme me acercaba a la adolescencia. Todos sabemos que esa es una época un poquito más complicada, porque los sentimientos y emociones son muchos, variados y a veces hasta contradictorios. ¿Cómo poder transmitirle a los demás lo que siento, si ni siquiera yo soy capaz de entenderlo? Esa es una pregunta que estoy segura te has hecho en algún momento de la vida, incluso podrías estar preguntándotelo ahora mismo. 

Después de mucho tiempo, comprendí que no todo se dice con palabras, que si quiero comunicarle a otros lo que siento, necesito empezar por el principio, y el principio empieza desde mi yo interno. ¿Te has puesto a pensar cuántas cosas te quiere decir quien está en lo más profundo de tu ser, con quien has vivido todo el tiempo, el que te ha acompañado en las buenas, en las malas? Te aseguro que ese que vive contigo desde que naciste tiene muchas cosas que contarte, muchos sentimientos que ha ocultado por miedo a interrumpirte y a ser ignorado. Tu yo interno necesita ser escuchado, y para eso, ¿sabes qué?, el silencio es tu gran aliado. Agenda espacios para conversar contigo, no hagas ruido, no juzgues, no te interrumpas y deja hablar a tu yo más profundo. Bueno, pero podrías estar preguntándote, ¿cómo me escucho si estoy haciendo silencio? Sencillo pero complejo, silenciando todo lo que te roba la atención, cualquier cosa o pensamiento que no te deje estar en el aquí y en el ahora. Para sentarte a conversar contigo no necesitas tener todas las respuestas, pero te aseguro que muchos de tus temores más intensos comenzarán a debilitarse, una vez que uses el poder que tiene el silencio para escucharte. Los seres humanos necesitamos reencontrarnos con la calma, necesitamos volver a la serenidad que comenzamos a perder desde el instante que salimos del vientre de nuestra madre, a este lugar con mucho ruido de cosas ajenas a nosotros. Cuando te decidas hacer silencio para escucharte, cerciórate de hacerlo en un lugar tan seguro y resguardado como la seguridad que alberga el vientre de una madre.  

“El que calla otorga”, ¿conoces esta frase? Este es un dicho popular que muchos han usado como estandarte o escudo para defenderse de las palabras hirientes o calumniadoras que otros han lanzado en su contra. Estas cuatro inofensivas palabras, pronunciadas juntas en un momento específico, mas que un llamado a la serenidad es una provocación para iniciar la guerra más ardiente y feroz en cualquier tipo de relación. Esta frase es muchas cosas, pero sobre todo es una invitación a romper el silencio, a perder el control y a emprender un camino en el que luego será muy difícil salirse de él. ¿Cuántas familias desintegradas, cuántas amistades perdidas, cuántas relaciones destruidas hay en todo el mundo hoy? ¿Cuánta salud mental estamos perdiendo por no ser capaces de mantener el control de nuestras palabras? Aunque somos seres sociales porque Dios así nos creó, con esta necesidad de conectar con otros, de relacionarnos y vincularnos con los demás, la sociabilización no ha sido, ni nunca será sencilla, por una simple razón, todos somos distintos, pensamos diferente e interpretamos y recibimos las acciones de otros de maneras muy variadas. Yo he descubierto después de muchos errores, imprudencias y tristezas que la única manera de mantener la serenidad ante el enfrentamiento es el silencio. Este es otro tipo de silencio, es distinto del silencio que hago para escuchar mi yo interno, este es un silencio pacificador. 

Ya superada mi adolescencia, en estos años de adultez, me he tenido que enfrentar a una que otra lucha de palabras que otros han pronunciado en mi contra. No ha sido lindo, no ha sido fácil, porque los silencios rotos por palabras hirientes, humillantes, ofensivas e injustas, que más daño nos causan, siempre vienen de los más cercanos y queridos. Sin embargo, a pesar de tantas cosas, aquí estoy, soy y seguiré siendo una sobreviviente de palabras malintencionadas, dichas algunas, con el deseo férreo de herirme profundamente. Estoy de pie, porque he elegido por el silencio pacificador. Por esto comparto lo que he aprendido contigo, porque a mí me ha traído salud mental y libertad, además me ha ayudado a proteger mi corazón de rencores que luego serán más difíciles de sanar. No te confundas, es muy importante que sepas, que el silencio pacificador no es sumisión, tampoco es ignorancia, desinformación o ceguera. Ante las calumnias no te vuelves ciego, ves todo lo que sucede, ves las intenciones, las injusticias y ves las mentiras que hay detrás de las palabras que se lanzan en tu contra, pero a pesar de todo, decides ejercer el poder de dominar tus silencios porque solo así mantendrás la serenidad en tu mente. El silencio pacificador no es estar de acuerdo con la persona que te habla, pero sí es priorizar y decidir en tu libertad personal no invertir ni tu tiempo, ni tu energía en discusiones que no conducirán a ningún buen lugar. Es tener la paz mental para poder discernir que muchas veces las batallas más ardientes se ganan sin pronunciar una sola palabra, porque no se trata de quien tenga la razón, no es una lucha de poder o control sobre el otro, pero sí definitivamente el silencio pacificador te encauza a descubrir tu capacidad para controlarte a ti mismo. 

Si no tienes nada bueno que decir mejor no digas nada, no entres en el juego de demostrar y controlar a otros porque si haces eso, pagarás un precio muy alto: tu paz y tu calma.

¡No es ceguera, es silencio, es tu paz, es tu bienestar! 

Por Kenia Salas

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