autoconocimiento, crecimiento, motivaciones, significado

Un alto para avanzar

Avanzar, mejorar, progresar, eso es algo que todos queremos, pero entonces, ¿por qué no todos logramos ir siempre hacia delante?, ¿por qué más bien a veces parece que por más que nos esforcemos seguimos estancados en el mismo lugar, o lo que es peor, sentimos que estamos más atrás de donde empezamos? Esas y preguntas similares son las que me he hecho a mí misma en varias ocasiones, cuando me he encontrado atascada en situaciones en las que no quiero estar. Desde el momento de la concepción, los seres humanos, comenzamos un camino que no termina hasta que termina, nacemos, crecemos, nos desarrollamos, nos volvemos productivos, todo esto, gracias a un deseo y una habilidad natural que Dios puso dentro de nosotros de seguir avanzando en la conquista de nuevos retos, de culminar exitosamente una etapa para continuar la próxima. Corremos detrás de nuestros sueños porque nuestra intuición nos grita al corazón que allí está nuestra realización, nuestro significado y sentido de propósito. ¿Te sientes identificado con estas palabras?, si es así, seguramente has estado en búsqueda de la felicidad, pero,¿sabes dónde encontrarla?, ¿sabes cuál es el camino a seguir?, ¿sabes cómo ser feliz aunque aun no hayas llegado donde quieres estar?

He aprendido, tal vez más por las malas que por las buenas, que la vida más que una competencia de velocidad, es una maratón. Vivir es un arte que se aprende a fuego a lento, con paciencia y observación de lo que se ve con los ojos y de muchas cosas más que los ojos físicos no tienen la capacidad de percibir. He aprendido también, que casi siempre la felicidad está en esas pequeñas cosas que no se ven a simple vista, las que están como escondidas a lo largo del camino, esas que son imposibles de admirar si vas a mucha velocidad. Por esto y algunas razones más, es que he aprendido que para encontrarme con la felicidad, esa que me llena el corazón de paz y bienestar es necesario parar. Sí, hacer un alto en el camino, para poder definir los objetivos, reencontrarme, ser buena, compasiva y respetuosa conmigo misma, además de preguntarme de vez en cuando, ¿a dónde quieres llegar?, ¿qué es lo que quieres hacer?, ¿cómo lo quieres hacer? Por las malas también aprendí que la velocidad no es una aliada para conquistar la felicidad, puedes creer que sabes muy bien lo que quieres, pero muchas veces el corre-corre de la vida diaria, no te da tiempo para responderte si lo que quieres, lo quieres por ti o porque es lo que otros esperan de ti.

Vivimos en un mundo postmoderno que se caracteriza por ser superficial, con demasiada información que debe ser procesada en muy poco tiempo, donde el conocimiento avanza y cambia constantemente. A este tiempo, el sociólogo Zygmunt Bauman, lo llamó, “mundo líquido”. Es imposible contenerlo entre las manos, disfrutarlo y saborearlo, porque más bien es resbaladizo y se diluye con facilidad, por eso sentimos que la vida se nos se nos escurre y ni siquiera sabemos cómo. Entonces, es muy fácil que de repente nos encontremos inmersos en una vida poco profunda, de escasa reflexión de los temas trascendentales y que viajemos a toda velocidad con el fin de no quedarnos atrás, pero ¿sabes qué?, vivir así nos conduce a un abismo de insatisfacción, de angustia e infelicidad. Sin embargo, nosotros tenemos la libertad para cambiar esto a nivel personal, podemos decidir la manera en la que queremos invertir nuestros días y no dejarnos arrastrar por la corriente que nos quiere llevar. Por eso escribo de este tema, para que podamos hacer un alto en el camino y comencemos a ser conscientes de lo valiosa que es la vida. Esta es mi propuesta de hoy, aprender a vivir, despacio porque precisa.

Aprendí y por las malas también, que si no hago los altos, si no paro de vez en cuando para evaluar las decisiones que tomo cada día, las pequeñas que parecen sin importancia, como dormir lo suficiente, comer a mis horas, comida saludable que me revitalice y me llene de energía, o cuidar mi cuerpo con ejercicio físico, mi mente con pensamientos de bien y mi espíritu con una cercana relación con Dios, no voy a poder avanzar. Si no considero estas disciplinas y algunas más que podríamos agregar, como fundamentales para vivir bien y las implemento en mi vida, no voy a llegar muy lejos aunque vaya muy rápido. Creo que a todos nos ha pasado, eso de tener listas de metas, de cosas que queremos llegar a alcanzar, y con lista en mano nos lanzamos a la vida como un concurso de quien llega más rápido, sin darnos cuenta que velocidad sin estrategia es una tragedia anunciada. En algún momento de la vida me enfermé, corrí tan rápido para vivir, que casi empiezo a morir. Eso lo aprendí, nadie me lo contó, entendí por las malas que no hay sueño, no hay meta, no hay objetivo que se alcance sin un cuerpo, una mente y un espíritu saludables que respondan. Necesitamos ser cuidadosos y bondadosos con nosotros, en todos los aspectos de la vida. Tal como lo hace un atleta, necesitamos aprender a administrarnos, a escuchar y leer las señales que el cuerpo, la mente y el espíritu nos envían para poder cuidarnos y seguir en el camino de la conquista de nuestros retos.

Estoy es la semana de mi cumpleaños, una semana muy especial para mí, porque aunque no es la única semana en el año en la que hago un alto para avanzar, sí es muy significativa. Doy gracias a Dios por el regalo de la vida, por lo que me ha permitido vivir hasta ahora y por todo lo bueno que está por llegar. Hay muchas cosas que aun no puedo ver con mis ojos, pero percibo su olor, ya están más cerca, ya casi las puedo tocar, saborear y disfrutar. No me mal interpreten, parar para avanzar, no es sentarse a esperar, porque también aprendí, que si no hago mi trabajo, la parte que a mí me toca, entonces lo que espero nunca llegará. Parar para avanzar, es replantearte, evaluar tus objetivos, buscar en la calma y la serenidad la estrategia a seguir y cuidar de que al final del camino aun sigas con vida. Y aunque he aprendido muchas cosas más, voy a terminar por hoy compartiéndote dos más: aprendí que la felicidad no es lo que encuentro al final en la meta, la felicidad es un camino, es lo que vivo todos los días, los difíciles y oscuros y los soleados y tranquilos, porque la felicidad es un proceso, la felicidad es aprendizaje, la felicidad es crecimiento y movimiento.

Y he aprendido que la vida es para disfrutarla, es para vivirla con humor, para reírte con ella cuando te cuenta chistes graciosos con los que es muy fácil reírse, pero también para reírte de ella cuando te cuenta los chistes muy malos que en lugar de reír te hacen enojar o llorar. Si te tomas con humor las cosas que no tienen cara de chiste, pero aun así te ríes de ellas, lograrás mantener la mente abierta para buscar estrategia en el mejor estratega del mundo, Él mismo te dará las fuerzas para tomar el control sobre lo que te incomoda. Podrá ser difícil reírte de lo que más bien te hace llorar, pero de esa forma no permites que lo malo te controle. No desperdicies ni un minuto de este regalo maravilloso que llamamos vida. La vida es un suspiro, hoy estamos y mañana ya no sabemos, por eso si quieres ser feliz, tienes que aprender a disfrutarla, tienes que reencontrarte con lo que te llena el corazón de felicidad, tienes que descubrir la belleza en todo lo que te rodea, lo bueno y lo que no parece tan bueno, tienes que bajar la velocidad para poder llegar muy lejos, que es muy distinto a llegar muy rápido.

Por eso, ¡ve despacio porque precisa!

Por Kenia Salas

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