autoconocimiento, autoestima, crecimiento, simplicidad

¿Cómo se repara un corazón?

Quizás no te ha pasado a ti, pero me ha pasado a mí, tal vez no has sentido el dolor clavado en lo más profundo de tu ser. Probablemente has escuchado a alguien cercano hablando de este tema o quizás no, pero estoy segura que si lo has vivido, posiblemente te haya sido difícil aceptar que el dolor pueda hacer tanto daño al corazón. Los corazones se rompen, ¿sabias eso?, no estoy hablando solo en el sentido metafórico del amor romántico que nos han mal enseñado por años, me refiero más bien al desconsuelo que se siente en el cuerpo y en el alma, al dolor indescriptible que es real pero falaz a la vez. Quiero hoy hablar de eso que se siente después de una traición, de una desilusión o muchas razones más con las que la vida y las personas más queridas nos sorprenden y no necesariamente para bien. Abrir espacios para poder entendernos y comunicarle a otros lo que sentimos es bueno, es terapéutico y si lo practicáramos con más frecuencia y menos juicio, es hasta preventivo. Queramos o no, creamos o no, nos guste o no, lo cierto es que somos vulnerables, así como sentimos el corazón explotar de alegría, también otras veces podemos sentir que se nos quebró en mil pedazos.

Y entonces, ¿qué hacemos si parece que corazón ya no tiene arreglo?, ¿abandonarnos en la tristeza para dejarnos morir?, ¿aparentar que no ha pasado nada?, ¿ponerle una vendita superficial para que nadie vea la herida, mientras adentro la infección atenta contra la vida?, ¿perder la esperanza del futuro?, ¿creernos indignos y no calificados para que cosas buenas nos pasen? De ninguna manera, ¡nunca la opción será rendirnos! No hay tristeza, dolor o traición que no pueda ser conquistada desde tu interior. Claro, como has de imaginar, esta tarea no es nada fácil, es difícil pero posible. Siempre es podrás volver a juntar los pedazos y reparar tu corazón. Eso sí, te advierto que no será el mismo corazón, será uno marcado con las cicatrices que las heridas te han dejado, pero te aseguro que son esas cicatrices las que harán que tu corazón se convierta en una pieza única, auténtica, una verdadera obra de arte. Se nos enseñó que lo que se rompe ya no sirve, que perdió su valor y que es reemplazable, pero, ¿qué pensarías si te digo todo lo contrario? Quizás lo que nos ha faltado es cambiar nuestro enfoque, por eso es que aprecio tanto poder hablar de nuestra vulnerabilidad, de esa fragilidad con la vivimos cada día, porque nadie está exento a ser herido, por eso me niego a aceptar que las personas que se les ha quebrado el corazón sean descartables. 

Kintsugi, es una antigua técnica japonesa que trata del arte de reparar piezas de cerámica quebradas. El Kintsugi es el paciente arte de tomar pedazos de porcelana rotas y repararlas para volver a unirlas en una pieza con un fuerte pegamento y polvo de oro, haciéndola nuevamente útil e incrementando su valor original. Resultado: una pieza única, auténtica, más hermosa, transformada, con una historia, y sobre todo más fuerte. Esta técnica milenaria convierte lo frágil en algo más bello y resistente. ¿Quisieras eso para ti? Si tienes roto el corazón y una voz interna te dice que ya no tiene arreglo, no creas esa mentira. Muchos al ver un jarrón partido en pedazos pudieron pensar que llegó al final de sus días, que nunca más volverá a ser útil, sin embargo, con paciencia y amor el jarrón al igual que tu corazón puede ser transformado y revalorizado. Cuánto dolor y desgaste nos evitaríamos si nos enseñaran a apreciar, respetar y admirar la belleza que las cicatrices de una herida dejan en la vida de una persona, como muestra indeleble de sus muchas batallas. Por eso es que si tu corazón está en mil pedazos, no te preocupes, te propongo que hoy nos convirtamos en aprendices del Kintsugi del corazón. Lo que hace tan especial el arte de reparar las piezas rotas, es la habilidad de resaltar con oro sus partes más frágiles, las grietas que anticiparon a la tragedia. Eso es lo mismo que te ocurrirá a ti, el amor que es como el oro, cubrirá tu dolor, tu desilusión o tristeza más profunda, para pegar y reconstruir un corazón más hermoso que el original. 

Nadie nace aprendido, a ninguno de nosotros nos enviaron con un manual de instrucciones que nos enseñe a reaccionar ante las adversidades de la vida, eso es algo que vamos descubriendo en el camino. Debo confesar que he tenido muchas veces mi corazón quebrado, he pasado por temporadas de tanto miedo, dolor e incertidumbre en los que no se cómo poder volver a levantarme, pero de una u otra manera Dios en su infinito amor me ha dado las fuerzas y estrategia para darme la oportunidad de poder volver a reparar mi corazón. Partamos de un punto importante, para reparar el corazón hay acciones que solo tú puedes provocar a través de tus decisiones. Muchas personas que te quieren podrán querer verte mejor, incluso Dios desea que estés mejor, pero solo tus decisiones y acciones te convertirán en un verdadero artesano del corazón. Vas a necesitar estrategia, reparar el corazón o dejarse reparar no es algo que se improvisa, es más bien una decisión que con fuerza y determinación se toma, por muy difícil que sea. Por eso quiero compartirte lo que esta aprendiz en el arte de reparar un corazón ha aprendido en sus luchas del camino. No digo que hay una única manera de hacerlo, pero a mí me ha servido y tal vez, si hoy estás a punto de rendirte, este empujón te sirva para que creas que tu corazón partido puede convertirse en una magnífica obra de arte.

Busca un lugar seguro: necesitas ponerte a salvo, alejarte de todo lo que te produce inestabilidad y lo que te robe la esperanza. Necesitas una mente calma para pensar en lo que te da bienestar y eso no lo vas a poder hacer si estás constantemente defendiéndote de los miedos que te acechan. Tu lugar seguro puede ser un espacio físico, en muchas ocasiones esto es lo mejor aunque no siempre es posible, pero de cualquier manera asegúrate de resguardar tu mente de pensamientos que te hacen daño. No pases horas dándole vuelta a lo que pasó. Tu mente debe ser un lugar seguro.

Háblate y háblalo: necesitas sacar del sistema cuanto antes tu dolor, pues este no te dejará avanzar, su trabajo es mantenerte preso en el sufrimiento. Pon atención a tu diálogo interno, lo que te dices es quizás mucho más importante que lo que otros te dicen. Háblate bonito, en positivo, háblate de esperanza. Encuentra una o dos personas prudentes de confianza con las que puedas desahogarte, porque te aseguro necesitarás hacerlo, no te guardes tu dolor porque sino te enfermará.

Descansa y come: ¿sabías que los doctores han descubierto un padecimiento al que le han llamado “síndrome del corazón roto”? El síndrome de corazón roto se produce cuando hemos estado expuestos a un dolor emocional tan grande que el cuerpo también lo sufre. Los pacientes con esta dolencia tienen los mismos síntomas de un ataque cardiaco, literalmente ellos sienten que se mueren. Los médicos recomiendan descanso y una alimentación rica en alimentos que aumenten las endorfinas, que es la hormona de la felicidad. Come más chocolate oscuro, jengibre y alimentos ricos en omega 3. 

Haz más de lo que te guste: encuentra de nuevo la ilusión. Busca lo que te llena de alegría el corazón, quizás, esto desembocará en cambios contundentes en tu vida, pero si te hace feliz, nunca es tarde para emprender nuevos proyectos. Mantente en movimiento y vuelve a encontrar sentido a tus días. Cuando dejamos de movernos comenzamos a morir y te aseguro que todavía tienes muchos lugares hermosos a los cuales ir. 

Paciencia y amor: un corazón roto, al igual que una pieza de porcelana no puede ser reparado de la noche a la mañana. Tienes que ser paciente, paciente contigo mismo, tómate tu tiempo para sanar y para demostrarte cuánto te amas. Se repara solo lo que tiene valor, por eso es que tienes que darte la oportunidad de dejarte reparar tu corazón, porque de él depende tu vida.

Ser aprendiz del Kintsugi del corazón, tampoco es algo que me enseñaron, lo voy aprendiendo a prueba y error, pero te puedo decir que vale la pena que tú también te des la oportunidad de aprender el arte de reparar tu corazón.

¡Nunca rendirte será una opción!

Por Kenia Salas

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