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Yo sé que estaré bien… ¿y tú?

Qué podrías responderme si hoy te pregunto: ¿estás bien?

Hace unos años me tocó dar una noticia muy delicada a una de mis personas más queridas. Era tan grave y doloroso lo que tenía que decir, que yo sabía que comunicarlo a través de una llamada por teléfono jamás podría ser una opción. Por amor a ella, por amor a mí, no era posible decir algo tan desgarrador sin poder estar allí para darle contención, para abrazarla, para recordarle que a pesar de lo que fuera, de alguna forma, aunque no entendiéramos cómo, todo estaría mejor. La decisión de comunicar la noticia cara a cara era un asunto complicado para mí. Además del dolor emocional para ambas, implicaba viajar a otro país y mientras lograba coordinar presupuestos, fechas y todo lo demás, debía mantenerme en silencio como si todo transcurriera con tranquilidad. Pasó el tiempo y llegó el día que aunque difícil, desde el principio ya sabía que tendríamos que pasar. Comunicarle a ella la tristeza que me venía carcomiendo el corazón no iba a ser nada fácil. Fue en ese momento que allí sentadas frente a frente le confesé todo lo que había guardado con tanta angustia desde que supe de la traición. Ella, que siempre tenía su cara llena de paz, la que parecía ser la más fuerte y la que siempre encontraba una solución para todo, ahora estaba tendida en la alfombra de un cuarto, rendida y llorando mientras se iba dando cuenta de que el amor de toda su vida, al que había entregado ciegamente su corazón por más de 40 años, no la había valorado, ni apreciado tanto como ella a él. ¿Estás bien?, le pregunté, después de revelarle todo lo que había venido decir. Hubo un gran silencio y luego, levantando su mirada de ojos hechos agua de tanto llorar, su respuesta quedó clavada no solo en mi corazón sino en mis notas mentales de hechos para recordar. Lo que ella dijo ese día,es lo que da pie a la discusión de hoy. Quiero compartir contigo lo que me marcó ese momento de tristeza y cómo me asombró su respuesta tan espontánea. Ahora esas palabras son para mí como un escudo de guerra cuando estoy pasando por tiempos de tristeza y dolor. Su respuesta fue: “no, no estoy bien, pero yo sé que voy a estar mejor”.

En los siguientes meses y años traté de comprender, ¿cómo se puede estar bien después de un dolor así tan grande?, ¿cómo se vuelve uno a levantar?, ¿cómo encontrar de nuevo la felicidad? Lo que a ella le tocó enfrentar fue una traición, pero yo no imaginaba que poco tiempo después a mí me tocaría hacerle frente la muerte de mis bebes y enterrar así para siempre un pedazo de mi corazón. ¿Estás pasando por un momento así? Aquí te dejo lo que he podido aprender, no solo en la teoría sino también en la lucha constante de levantarme y avanzar con esperanza y alegría.

La vida cambia todos los días: ¿Quién puede decir con certeza lo que le espera mañana, en un año o en quince?, estoy segura que nadie, porque la vida es un cambio constante. Hacemos planes, nos preparamos para cumplir y vivir todo lo que pensamos, pero lo cierto es que la vida está llena de sorpresas. Por eso es que hoy puedes tener todo bajo control y en el siguiente minuto una noticia repentina dejarte tirado en el piso sin saber qué hacer. Duele y da miedo cuando la vida se nos pone patas arriba. Claro que sí, da mucho miedo, tristeza e impotencia, porque en medio de la dificultad repentina dejamos de ver la vida con ojos de esperanza y alegría. ¿Qué hacer si de pronto se te caen todas las piezas de tu vida organizada y planificada? Es más, con solo una pieza que se desacomode todas las demás podrían desestabilizarse y caer. Lo que aprendí es que para sobrellevar los eventos dolorosos necesitamos saber que la vida cambia todos los días. Agradece con todo el corazón tus buenos tiempos pero nunca pierdas de vista el horizonte para que no te tome desprevenido algo que ni siquiera esperabas.

Presupuesta las malas noticias: No te digo que te llenes de negatividad y vivas pendiente de todo lo malo que pudiera pasar, pero sí es importante que sepas que vivir es una aventura que descubrimos todos los días. El solo hecho de estar vivos nos expone a lo bueno pero también a lo que no quisiéramos nunca recibir. Todo radica en donde tienes puesta tu confianza. Tu confianza es lo que te sostiene en momentos de dificultad o es lo que podría hacerte caer sin posibilidad de continuar. No puedes confiar en lo que es inconstante, en lo que hoy está y mañana ya no, porque si haces eso tu vida está fundamentada sobre un cimiento falso. No querrás jugarte el chance de colocar lo más valioso que tienes en arenas movedizas. Tu felicidad, la alegría y estabilidad en tu vida no depende de otras personas, ni de tu dinero, ni de tu fama. Para tener una vida estable debes construirla sobre lo que es constante y firme, tu confianza debería estar puesta en Dios. El mundo se te puede quebrar en mil pedazos pero solo Él es quien puede reconstruirlo y convertirlo en uno mejor. Presupuestar las malas noticias es entender a dónde invertir tu fuerza y esperanzas.

Las malas noticias no son personales: ¿Has pensado que todo lo malo te pasa solo a ti? Este es un pensamiento muy normal cuando estamos pasando por una racha de malas noticias. Si crees que todos los demás tienen la vida arreglada y solo la tuya está desacomodada, te cuento que no es así, todos pasamos por momentos complicados con los que tenemos que lidiar. En los tiempos difíciles muchos ni siquiera se atreven a hablar y tratan de vivir como si nada malo les estuviera pasando, pero solo Dios conoce la procesión que cada uno lleva por dentro. De las malas noticias de otras personas a veces nos enteramos, pero su actitud llena de optimismo y lucha, nos hace pensar que lo que pasan no es tan grave como lo nuestro, cuando en realidad solo el que lleva la carga sabe cuánto le pesa. La vida no se ha ensañado contigo, las malas noticias es asunto de todos los que estamos vivos, pero la diferencia no tiene que ver con el tamaño de la noticia sino más bien con la actitud que tengas frente ella. No es personal, así que levántate con la mejor actitud que tengas y hazle frente a la sorpresas repentinas de la vida.

Acepta, siéntelo y sigue: Una de las conductas más comunes que tenemos cuando la vida nos sorprende con cosas malas que no esperamos, es que tendemos a negarlas. ¿Te ha pasado a ti?, definitivamente a mí sí me ha pasado. Cuando tienes que verte de frente con la dificultad, lo primero que piensas es que eso no puede ser real, eso tan grave no puede estar pasando. Rechazar la realidad nunca te ayudará a estar mejor, porque lo único que retrasarás es la posibilidad de buscar ayuda y estarás retardando curar de tus heridas. Mientras sigas negando lo que te ha sucedido, también negarás el sufrimiento que sientes. Si pasas tiempo esforzándote por no sentir, te convertirás en quien no eres y sin darte cuenta habrás perdido tu esencia. Acéptalo, yo sé que es duro, es muy difícil, pero solo así sabrás el verdadero terreno donde están tus pies, no uno ficticio de realidades que hoy ya son solo un parte del recuerdo y la nostalgia. Una vez que lo aceptes, estarás entrando a la etapa de encontrarte de frente con tu dolor. No te asustes, siéntelo, date la oportunidad de sacar el dolor para que no se te haga infección, ten presente que esta es una etapa más que necesitas superar para poder seguir adelante con tu vida.

El tiempo es necesario: ¿Sientes que pasa el tiempo y parece que no se acaba el dolor? Los tiempos de duelo son necesarios para poder sanar y recuperar el corazón, pero ese es un lugar de paso, nunca un lugar para quedarte a vivir. “No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”. No hay noticia por mala que sea, que siga siendo titular la próxima semana. Pasa, todo pasa, ten esto presente en medio del dolor. La mala noticia que vino a desarmar lo que tenías ordenado y planificado no tiene más poder que el que tú le des, así que no permitas que los tiempos de dolor se conviertan en los protagonistas de la vida que Dios te ha dado solo a ti. Date tiempo para sentir y sacar de tu sistema todo lo que está contaminando tu interior, pero luego, pasa la página para que puedas seguir adelante con la aventura de vivir. Date tiempo para entender qué fue lo que te pasó, pero no te preocupes si no le encuentras explicación, muchas veces no encontraremos las respuestas que queremos escuchar. El tiempo algunas veces te dará respuestas otras veces no. El tiempo te dará la oportunidad de trabajar lo que sientes para convertirlo en algo mejor, el tiempo te dará una nueva perspectiva de lo realmente es valioso en la vida. ¡Haz del tiempo tu mejor aliado!

Si estás pasando por tiempos difíciles, no te desesperes, recuerda que todo en la vida pasa. Tu vida no se acaba con una mala noticia, no pierdas la esperanza porque nuevamente te volverás a levantar.  

Yo sé que estaré bien… ¿y tú que estás haciendo para convertir lo malo en algo mejor?

Por Kenia Salas

2 comentarios sobre “Yo sé que estaré bien… ¿y tú?”

  1. yo se que en un momento de dificultad no es fácil sentirse bien pero, todo es posible con Dios el te da fuerzas en los momentos de debilidad, te da confianza para creer que todo estará bien y que este momento sera pasajero y podrás aprender mucho de el …

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