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¡Jamás entregues tu paz!

Pase lo que pase no pierdas la paz. Tan fácil decirlo, sobre todo si no somos nosotros los que estamos en los zapatos de aquel que está pasando por momentos de angustia y dificultad. Ah, pero decimos otra cosa muy distinta cuando es uno el que está metido en el hueco de la desesperación. La paz es un estado de tranquilidad y quietud en el que la mayoría de las personas con un grado de salud mental, dentro de los parámetros de la norma queremos estar. La paz es muchas cosas y puede ser nada a la vez, pasa desapercibida por muchos de nosotros y no nos damos cuenta de su trascendencia hasta cuando ya en realidad la hemos perdido. 

Entonces, ¿será acaso que la mayoría de las veces percibimos la paz más por su ausencia que por su presencia? En estos días pensando acerca de la paz, de la importancia y la relevancia que tiene para los seres humanos, tanto para su salud emocional, espiritual y física, así como para el desarrollo de las personas, llegué a la conclusión que la paz es como la sal. Esta es mi observación personal, nada científica, solo que a veces me gusta hacer este tipo de reflexiones porque me ayudan a entenderme mejor y comprender a la gente y a este mundo que parece que ya perdió todo indicio de cordura. Meditar de este y otros temas es para mí una forma de mantener mi paz, de explicarme el mundo y la gente que me rodea, quizás te ayude a ti también.

Volvamos a nuestra analogía de la paz y la sal. La paz al igual que la sal, se siente cuando no está presente o cuando hay en demasía. Cuando la comida está bien sazonada la saboreamos y la disfrutamos gracias a que la sal resalta los sabores de los ingredientes, pero pasamos desapercibido y no agradecemos que alguien pensó y colocó el punto justo de esta imprescindible sustancia blanca dentro de nuestra comida para resaltarla y hasta incluso hacer de ella una experiencia inolvidable. En una vida con paz, sin mucho sobresalto, con quietud y tranquilidad, solemos dar la paz por un hecho, no somos conscientes de que hay algo allí que no se ve, que hace posible saborear cada situación que la vida nos presenta. Esa sustancia imperceptible, invisible a los ojos es la que resalta los eventos de la vida y nos permite degustarla.

Un chef, un cocinero experto, conoce el punto exacto de sal que necesita cada alimento, ni poco que la comida no sepa a nada, ni mucho que haga imposible degustarla. Dios que es el experto de la paz, sabe que en la vida necesitamos paz para poder disfrutar de los días, sin embargo, exceso de quietud podría adormecernos y dejarnos abstraídos en una zona de confort en donde ya no saboreamos de la vida. Dios sabe mejor que nadie cómo vivir para disfrutar la vida, y sabes qué, no solo nos ha dado paz para vivir sino que además, nos ha dado la oportunidad de elección. Él ha puesto en nuestras manos un salero para que lo usemos a nuestra discreción. Ese salero es al que podemos recurrir en los momentos de adversidad que es cuando nos es difícil saborear la vida, ese salero está lleno de paz, ese salero son las promesas de Dios para ti. Sus promesas están allí para que las esparzamos sobre nosotros cuando no nos sabe la vida.

La sal es rica en minerales que nos ayudan a mantenernos estables y a tener un balance en nuestro cuerpo. La paz interna es rica en vitaminas para el alma, el cuerpo y el espíritu, y nos ayudan a compensarnos y mantenernos en pie en medio de las dificultades. Necesitamos de la sal en su punto exacto en cada comida, así también necesitamos vivir en paz todos lo días. La cantidad de sal que tu necesitas es diferente a la mía, todos tenemos una medida, todos tenemos un momento exacto, alguna circunstancia que nos molesta en la que no encontramos paz y eso provoca que nos movamos a buscar de nuevo ese estado en el que podemos estar tranquilos para gozar de la vida. 

Tu paz interna es un equilibrio de serenidad en todo lo que eres pero extrañamente sazonado con la incomodidad de impulsarte a que salgas de tu zona de confort para desarrollar todo el potencial que tienes dentro de ti. Puedes estar completamente seguro de que Dios desea que vivas disfrutando cada día, por eso te garantizó que su paz estaría contigo todos los días de tu vida. El salero lleno, repleto de promesas para ti, Él lo ha puesto en tus manos para que lo uses, para que le pongas sabor a tu vida, para que no tengas miedo de salir a buscar más allá de lo que te quiere mantener tendido, atado y angustiado en un rincón. No tengas una vida desabrida culpando al chef que no puso suficiente sal en tu comida, más bien piensa, el chef condimentó tu comida y como si fuera poco, para que nunca te falte, se aseguró que tuvieras tu propio salero. 

No hay situación que no puedas degustar. Aunque te parezca imposible todo, incluso lo más malo y feo, puedes convertirlo en algo mejor cuando esparces un poco de sabor sobre eso, cuando sabes y crees que cualquier cosa puede sorprenderte y actuar a tu favor. Si tu vida en este momento no tiene sabor, necesitas saber que este no es el final, solo necesitas un poco de sal. La sal preserva, la sal mantiene por más tiempo los alimentos en buen estado, la paz te mantiene sano toda tu vida. No digo que hay momentos de verdadera desesperación, los hay y muchos, los he pasado yo y sé que tú también, pero en todo momento Dios está con nosotros preservando nuestra vida, eso sí, si en lugar de echarnos a morir esparcimos las promesas de Dios sobre nuestra vida. No hay situación complicada que no pueda ser superada, no hay problema que te pueda robar la paz si tu no sueltas el salero que sazona tu vida.

Cambia tu mentalidad, deja de darle tanta importancia a la ausencia de paz en tu vida, deja de quejarte y entiende que tienes sal en tu salero para que la uses porque dentro del salero no sazona tu vida. Comienza a actuar para mejorar tus días. Si por alguna razón le está haciendo falta sal a tu vida, no esperes que el chef venga a ponerle sal a tu comida, Él ya lo hizo y además te equipó con un salero para que lo uses cuando lo necesites. Cambia tu forma de pensar y mejora tu vida, tú tienes que actuar y esparcir las promesas de Dios sobre ti. La paz no se pierde, la paz la entregas cuando no quieres trabajar por ella. Hoy es tu decisión cómo quieres vivir la vida, amargado, quejándote, culpando a todos y a todo o agradeciendo y empuñando tu salero. No sueltes tu salero, es tuyo, no lo tires, no lo olvides, no lo entregues a los problemas, está allí justo para mejorar tu vida. 

La paz no se te pierde, la paz la entregas cuando decides creer que no puedes. 

Por eso cree, nunca sueltes tu salero, úsalo y . . . ¡jamás entregues tu paz!

Por Kenia Salas

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