autoconocimiento, autoestima, contribución, crecimiento

Sentirme viva

Desperté, desperté para descubrir que en algún momento de la vida había dejado de vivir. Desperté y comprendí que solo yo era la causante de esa manera extraña de subsistir. Yo, solo yo, era la responsable de permitir lo que las preocupaciones y el corre-corre habían provocado en mí. Descubrí que nacer no es sinónimo de vivir, muchos nacen cada día y sin embargo con el pasar de los años la gran mayoría solo se conforman con sobrevivir.

Un día decidí despertar de ese sueño anestesiado que no me permitía valorar este regalo preciado. Un día me atreví a despertar la vida que está dentro de mí y entonces crecí. Un día abrí mis alas para dejar salir la oruga que estuvo dormida esperando por tanto tiempo este momento. Un día me dispuse a cambiar el rumbo de mi vida para comenzar a vivir y entonces, de repente, sentí la fuerza que ya había perdido en ese sueño dormido. 

Me negué a morir prematuramente, porque dejar a que solo pasen los días es comenzar a morir. Yo quiero vivir con intención, yo quiero aprovechar cada día haciendo lo que me llena de pasión, poner a disposición de otros los talentos y habilidades con los que puedo colaborar para hacer un mundo mejor. Desde entonces todos los días me niego a dejarme morir, me niego a ser partícipe de la indiferencia que llevó al mundo a estar donde está. 

Nadie te enseña lo que significa estar vivo, porque sin duda vivir es mucho más que existir. Vivir es algo que se entiende solo cuando dejas de sobrevivir para comenzar a vivir con autenticidad tu misión en la vida. Vivir es lo que se siente cuando emprendes el viaje en la trayectoria que es correcta para ti. Es algo que se intuye, se siente y te llena de entusiasmo y energía para que a pesar de los obstáculos nunca dejes de avanzar.

Quiero sentirme viva, quiero relacionarme con la gente tal y como es, quiero ver el mundo con los ojos del amor. Quiero llenarme de asombro al descubrir de verdad quien soy, aceptarme y quererme y tratar de ser mejor. Solo si soy capaz de sentir la vida podré estar presente hoy, para disfrutarla, abrazarla y contemplarla con pasión. Sentirme viva es disfrutar las cosas de ahora tal cual ellas son, dejar los apegos de un lado para vivir sin distracción

Quiero dejar atrás el pasado que no me deja avanzar. Quiero dejar la culpa y los “hubiera” porque hacen mucho ruido y me quieren asustar. Quieren sacarme del camino para posponer la felicidad y con sus preocupaciones añejas tratan de volverme a anestesiar. Quiero librarme de las ansiedades del futuro porque ni siquiera son realidad, ellas son solo interpretaciones de lo que desde el miedo se puede observar. Vivir es hacerle frente sin miedo y angustia al presente.

Sentirme viva es no siempre saber qué hacer. Los errores y las equivocaciones son para mí la evidencia de que de verdad estoy viviendo y no dejando pasar los días sin nada que hacer. Sentirme viva es no sentirme derrotada por lo que hoy no salió tan bien, es levantarme, sonreír y decirme: mañana lo volveré a intentar. Vivir es enfocarme con intención a lo que me acerca a mi misión, aprender a decir que no y a atreverme a decir que sí.

Sentirme viva es celebrar con inmensa gratitud y amor cada día, porque hay muchos que no pudieron abrir sus ojos hoy. La vida no es para sobrevivirla o dejarla pasar, la vida es para celebrarla, bailarla y desafiarla. Sentirme viva es aprender a vivir apasionadamente y acercarme todos los días un poco más al propósito que Dios puso dentro de mí, no solo para mi bienestar, sino también para el bienestar de muchos más. 

Quiero sentirme viva y tú, ¿quieres sentirte vivo? 

Por Kenia Salas

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