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La incomodidad del alma

¿Te ha pasado que un día te sientes bien, feliz y satisfecho con lo que has logrado y, de repente, te invade ese sentimiento de vacío que hace que todo pierda sentido? Te irritas, te enojas, te entristeces, te aburres y, tal vez nunca puedas lograr descifrar el por qué de las molestias. Aprendemos a vivir con ellas y a reaccionar sin detenernos a pensar qué detona esa incomodidad, la incomodidad del alma. Y así vamos todos, unos más que otros, a tiempos distintos, pero con la seguridad de que en algún momento pasaremos por allí, por donde algo hace explotar nuestras emociones, porque sí, también somos seres emocionales. En el alma es donde nacen y desde donde salen nuestras emociones al mundo exterior. Para descubrir qué es lo que nos incomoda, lo mejor es entendernos, porque nos conviene más mirar hacia dentro para ver qué nos encontramos y luego buscar cómo solucionarlo.  

A esa incomodidad del alma, la comparo con eso que sentimos cuando una pequeña pero fastidiosa piedra se nos mete en el zapato. Al principio solo incomoda un poco, pero conforme pasa el tiempo y porque no le damos la importancia seguimos caminando con ella y termina haciéndonos mucho daño. Puedes tener los tenis o zapatos deportivos más confortables, haber planeado una relajante y emocionante caminata por los paisajes más hermosos, puedes haber decidido ir acompañado con tus personas favoritas o incluso disfrutar de estar solo contigo. Todas las condiciones podrían ser las más favorables para hacer de ese trayecto algo inolvidable, pero una sola piedrita en el zapato podría arruinarte todos tus planes. Eso mismo es lo que nos sucede cuando inesperadamente, aunque todo parece ir bien, algo nos estorba, nos incomoda el alma y perdemos poco a poco la paz. 

Muchas veces he sufrido un dolor de esos que incomodan, de los que no sabes donde te duelen porque en realidad viene del alma, son de los que te hacen parar porque ya incluso sangras. Sangras en el alma, sangras en tus emociones que poco a poco despiertan para reaccionar ante cualquier actitud amenazante y como no saben cómo pelear con eso, terminamos peleándonos con todo y todos. Lo peor es que tus dolencias terminan molestando y dañando a los que van contigo, porque quien tiene un estorbo en el zapato no parará de quejarse hasta hastiar a todos los demás. Y tan fácil hubiera sido que, a la menor incomodidad, hagamos un alto en el camino para revisar y limpiar el zapato de todo lo que molesta y poder seguir caminando. Prevenir la herida, prevenir el mal rato y hasta prevenir el cansancio, ¡qué tontos somos! Por atolondrados, por no retrasar el viaje terminamos igual o peor de atrasados porque no es lo mismo llegar a tu destino feliz, sano y salvo, que todo ensangrentado y amargado. 

De estas piedras metiches nadie se salva, todos estamos expuestos a ellas si es que estamos caminando y caminamos solo si estamos vivos. Así que si estás vivo no dejes que te ganen, mejor detente y revisa tus zapatos, no sea que, por no ocuparte de ellas porque parecen insignificantes, tus piedritas se conviertan en gigantes. Si te prestas atención te vas a dar cuenta que muchas de tus emociones no tienen sentido desde afuera pero sí desde el fondo de tu alma. Dentro de eso que hoy llamo zapato, que en realidad es el alma,está la razón de tanta zozobra y cansancio que has venido acumulando y que tal vez ya por bastante tiempo también has estado disimulando. Es que nos volvemos expertos en esconder eso que nos duele, como si la incomodidad se quitara con solo poner otra cara, pero lamentablemente vivir ocultando las emociones y descuidando el alma es como jugar a golpear una olla de presión que en cualquier momento se nos puede estallar en la cara.

Yo se que cada uno tiene sus propias intrusas dentro del zapato, pero también estoy segura que muchos podrían coincidir con las que yo he estado batallando. Es que al final todos los seres humanos tenemos en común esta necesidad de estar bien, que es no es ni más ni menos, la paz integral que nos reconforta el alma, así es que, en diferentes grados, con distintos matices la verdad es que las piedras metiches terminan siendo casi las mismas para todos los que vamos caminando. Yo hice mi lista de las piedras que me he ido encontrando y si te sirve de catálogo te la regalo junto con lo que he aprendido para que examines y comprendas mejor tus molestias, y puedas sacarlas cuanto antes de tus zapatos. Solo cuando te ocupas también de tu alma podrás sanar lo que las circunstancias y lo que una que otra persona ha hecho para contribuir a que tus heridas sangraran. 

Me incomoda ser ignorada: qué dolor me provoca sentirme ignorada, que por más que yo trate de hacerme presente en la vida de los que amo, pareciera que hay temporadas en los que te dan la espalda sin entender lo que pasa.

Me incomoda tener miedo: de todo lo que pueda llegar a sentir, el miedo es quizás al que más cuidado le tengo. El miedo me hace imaginar todo lo que ni siquiera pueda llegar a pasar, el miedo se encarga de que no cumpla mis sueños.

Me incomoda que me duela: el dolor duele, pero lo que más me aterra es amar hasta quedar expuesta y vulnerable a que me hagan más daño. No quiero que llegue mañana y entonces me arrepienta de no haber demostrado cuánto he amado. 

Me incomoda no poder sacar lo que siento: cuando no puedo decir lo que siento, el alma se niega a soportar lo que debí soltar desde hace algún tiempo. Tragarme las palabras no siempre es bueno, es verdad que el silencio evita los pleitos, pero también te puede debilitar los huesos.

Me incomoda ser malinterpretada: y si mi alma valiente decide decir lo que piensa, hay tanta gente que quiere oír solo lo que le conviene, es entonces cuando escucho mis propias palabras colocadas de una manera que jamás fueron pensadas. 

Me incomoda no hacer lo que quiero: llegó un momento en el que caí en cuenta que la vida se me escapa sin que pueda hacer nada, entonces entiendo que todo lo que quiero es poder vivir mi vida sin ser juzgada o criticada.

Esas son solo algunas de mis incomodidades del alma, de esas que aprietan los botones que dejan salir al aire todo tipo de emociones. Con algunas de estas emociones puedo trabajar sin ningún problema, pero hay otras que me hacen estallar no solo la cabeza sino también el corazón y luchan contra mí para atrincherarme como cucaracha en un rincón. Aquí estoy lidiando con mis incomodidades, voy trabajando, limpiando de piedras mis zapatos, aunque no siempre es tan fácil como quisiera. En esta búsqueda por estar más cómoda, descubrí también que algunas veces no solo son las piedras las que molestan, además cada tanto necesitorenovar mis zapatos. Yo se que esta tarea es de nunca acabar, porque mientras camine siempre habrá piedras que sacar o zapatos que renovar, sin embargo, no me doy por vencida y sigo al pie del cañón, porque de verdad quiero vivir con el alma libre de sangre y dolor.

Tú también saca tus piedras y renueva tus zapatos, ¡que no se te rompa el alma!

Por Kenia Salas

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