No se puede vivir así, con tanto miedo

Hoy no quiero hablar de los miedos razonables que nos protegen para que sigamos vivos, hoy quiero contarte desde mis zapatos los miedos que han querido robarme la vida.

El miedo, ¿quién no ha sentido miedo al menos una vez en la vida? Y digo una vez por decir algo, porque la verdad es que creo que todos tenemos muchísimas historias que contar y listas interminables de miedos a los que hemos tenido que enfrentar. Yo tengo mis propios miedos, algunos que he encarado con valentía, al pararme frente a ellos y decirles: “no me vas a vencer”, y otros con los que todavía estoy peleando. Pero, ¿quién se ha salvado de sentir miedo?, ¿habrá alguien que pase por la vida sin sentir ningún temor, horror o espanto? Sí, es que en esto de los miedos hay grados y niveles, unos más simples de resolver, como esos que un día, casi sin darte cuenta ya los superaste y otros que se vuelven crónicos, tóxicos y paralizantes. El miedo en sí no es malo, en realidad de alguna forma nos ha permitido llegar hasta donde estamos, porque el miedo en una medida saludable y racional nos ayuda a ser prudentes y precavidos para evitar los peligros. Al nacer, traemos el sentido de sobrevivencia instalado como un chip en nuestro interior y gracias a esto medimos los riesgos, amenazas o cualquier cosa que nos cause inseguridad. Hoy no quiero hablar de los miedos razonables que nos protegen para que sigamos vivos, hoy quiero contarte desde mis zapatos los miedos que han querido robarme la vida

Nos roban la vida, sí, ellos disfrutan de irnos debilitando hasta dejarnos tendidos sin fuerzas y sin recursos para escapar. Estoy casi segura que el objetivo principal de los miedos es entregarnos a la muerte totalmente derrotados, mientras le hemos ido comprando sus cuentos de lo cobardes e insignificantes que según ellos nosotros somos. El miedo se alimenta de más miedo, él se hace fuerte cuanto más miedo le tengamos, es así como sin querer alimentamos a nuestro enemigo. ¡Qué torpes somos!, nos ponemos de su parte creyendo que debajo de sus alas estaremos seguros porque ahí nadie nos puede tocar, cuando de verdad lo que estamos haciendo es convivir con nuestro peor enemigo. Al principio nos incomodamos, brincamos y nos oponemos rotundamente a tener miedo, pero como el miedo es tan astuto, poco a poco nos convence que estaremos mejor si lo aceptamos, entonces lo abrazamos para aferrarnos a él, pues claro, todo lo que queremos es seguir vivos. Una vez aceptado, el miedo se hace crónico, se convierte en nuestro estilo de vida, lo invitamos a pasar adelante para que viva en lo más profundo de nuestro ser. Y allí, se instala, desde la esencia de todo lo que somos, comienza a manejar nuestras emociones y reacciones, desordenandonuestra vida por completo. Ese ladrón mañoso, nos engaña para robarnos la tranquilidad, la paz, la alegría, la esperanza, ¡nos roba el amor!

Y un día me desperté y me di cuenta que le tenía miedo a todo, que el miedo se había pasado a vivir a mi corazón, me robó la esperanza y había arrinconado todo lo que me hacía brillar, lo que me hacía sentir viva. El miedo, este horrible enemigo había invadido mi vida por completo, desde las cosas que parecen más insignificantes hasta las trascendentales, pero a quién culpar, si yo soy la responsable de a quien dejo entrar en mi vida. Se escabulló, me engañó porque es lo que sabe hacer muy bien, engañarnos. Te lo cuento para que estés atento, para que a la más mínima señal de que el miedo quiera irse a vivir contigo, le tires la puerta en la cara y no lo dejes ni llegar ni al frente de tu casa. Ni siquiera lo escuches, porque él sí que sabe enredara la gente, ya te contado que es un engañador profesional, nos susurra al oído puras mentiras haciéndonos creer que si le hacemos caso estaremos mejor. Este tipo llamado miedo, con la estrategia y la paciencia de quien sabe que logrará su objetivo, me convenció para que le tuviera miedo a casi todo en la vida. Respira profundo porque aquí te dejo algunos de los miedos que me paralizaron la vida, no por días, por meses y algunos hasta por años. Si te sientes identificado con alguno, ya sabes qué hacer, tírale la puerta en las narices porque, no se puede vivir así, con tanto miedo

Miedo al olor de la mañana, porque viene cargada de incertidumbre, miedo a enfrentar el día, miedo a las malas noticias, miedo a enfermarme, miedo a la muerte, miedo a salir a la calle, miedo a ver a la gente a los ojos, no sea que en sus miradas encuentre su rechazo. Miedo a conducir mi auto, después de todo los accidentes y muertes en carreteras es asunto de todos los días, miedo a perder a mi familia, pues ya había perdido tres hijos, miedo a no poder volver a concebir, miedo al abandono, pues ya había tenido que enfrentar el vacío que se siente cuando tus seres amados te dejan. Miedo a no tener clientes, pues todos necesitamos trabajar para comer, miedo a no ser aceptada, miedo a hablar y expresar mis ideas, pues algunas personas te pueden rechazar, miedo a no ser suficiente, siempre la gente espera cosas diferentes de ti de las que tú puedes dar. Miedo a no salir con los gastos y compromisos de cada mes, miedo al mañana, miedo a emprender el camino para alcanzar mis sueños, miedo a soltar lo que tengo seguro, aunque no me haga feliz, pues no puedo controlar lo que todavía no conozco. Miedo a no encontrar la felicidad, miedo a hacerle daño a los más cercanos cuando exprese mis puntos de vista, miedo a perder el amor. . . .Y eso, eso es precisamente lo que hace el miedo, nos nubla la visión de todo el amor que nos rodea, porque sí, estamos rodeados de amor a pesar de los miedos, a pesar de las circunstancias, porque el amor es más fuerte que todo

El amor, el amor es vida, es el que nos impulsa a tomar decisiones para avanzar y conquistar los retos y los obstáculos que se nos presentan. El amor nos hace soñar, soñar lindo, soñar en grande, por amor llegamos al mundo, por amor hacemos lo que jamás imaginamos podríamos hacer, por amor recorremos los caminos más difíciles, por amor nos arriesgamos. Y cuando hablo de amor, no me refiero solo al amor romántico, ese de las películas, hablo de amor en todos los sentidos. Amor propio, para reconocer el valor que tenemos, amor por nuestros seres queridos, amor a los conocidos y a los desconocidos, amor a la vida. Por amor seguimos vivos, porque Dios en su infinito amor nos sostiene cada día, pero no, nosotros preferimos creerle al miedo que es un perverso destructor de vidas. Tú al igual que yo, andamos por la vida entre la dicotomía del amor y el miedo. El amor siempre está presente, es la fuerza que mueve al mundo entero, pero el miedo que es astuto, engañador y orgulloso desde el principio de los tiempos, aunque está vencido, se niega a vivir en solitario su fracaso, por eso, mientras pueda, hasta que llegue su final seguirá engañando a cuantos caigan en sus garras para llevárselos junto con él al abismo de la muerte. 

¡Basta ya!, eso fue lo que un día le dije a ese engañador, “ya no me mientas más, ya no te voy a creer”. Porque quiero vivir con la certidumbre de que pase lo que pase estaré bien, porque Dios cuida de mí, porque todo lo que podría salir mal, de alguna manera se transformará en bueno, me hará fuerte y me convertirá en una mejor persona. Porque cada mañana quiero ver esperanza, oler esperanza, alimentarme de esperanza, sentir y vivir esperanza. Porque cada día de mi vida quiero ser consciente del amor que me rodea, porque sin amor, no puedo vivir, porque sin amor muero. Por eso no se puede vivir así con tanto miedo

Tírale la puerta a tus miedos, vuelve a brillar con la luz más intensa que jamás hayas brillado, vuelve a sentir el amor rodeándote por completo. ¡El amor todo lo puede!

Por Kenia Salas

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