La equivocación no se equivoca

Además de todo eso, hoy quiero decirte algo que casi nadie nos dice cuando iniciamos nuevos proyectos, prepárate para equivocarte.

¿Cómo arrancaste este nuevo año? ¿Qué es lo que estás esperando que suceda en tu vida en los próximos meses? Nuevas oportunidades para realizarte, para cumplir sueños y alcanzar objetivos, esos son algunos de los planes que hacemos cada inicio de año e imagino que este año no ha sido la excepción. Plantéate estrategias, capacítate para estar a la altura de tus planes, ponlos en las manos de Dios y trabaja fuerte para alcanzarlos. Pero además de todo eso, hoy quiero decirte algo que casi nadie nos dice cuando iniciamos nuevos proyectos, prepárate para equivocarte. Sí, no hay mayor éxito en un plan que toparnos con la equivocación. Aunque no lo entendamos muy bien, la equivocación podría ser nuestra mayor bendición.

Yo se que estamos empezando enero, pero conforme pasen las semanas y los meses puede ser que tu entusiasmo baje y tus fuerzas no sean las mismas de principio de año. Nos pasa a todos, esta es una reacción natural en nosotros los humanos. Por eso es que este año decidí estar atenta para que no me tome desprevenida lo que otros años han impedido que llegue a ver mis metas cumplidas. Te lo comparto para que juntos hagamos este viaje aventurero de ir cumpliendo sueños y así nos ayudemos mutuamente, o por lo menos sintamos el acompañamiento de que allá, al otro lado de la pantalla hay alguien igual que tú, igual que yo, que luchamos por sentirnos vivos.

Tres cosas te pueden pasar en este recorrido de alcanzar tus metas de año nuevo. La primera es muy común, puede ser que todos esos deseos sean solo eso, ideas ilusorias que no están sustentadas con pasión y determinación y por eso terminas haciendo nada. Un día de estos escuché algo que me hizo reflexionar y quiero compartirlo contigo. La vida es movimiento y en el tanto nos dejamos de mover así mismo comenzamos a morir. Este principio aplica desde nuestras estructuras más pequeñas como las células y todos los sistemas en los que se compone el cuerpo humano, hasta la voluntad de seguir aprendiendo, creciendo y avanzando. Quien no se mueve de alguna forma comienza a morir, así que plantéate cosas nuevas que te reten, pero que no se queden solo en el deseo, ¡comienza a caminar para llegar a ellas!

La segunda, esta es a la que la mayoría esperan llegar. Cumplir lo que te propusiste sin mayor sobresalto y dificultad es el deseo de casi todos, porque esto produce satisfacción, pero lo que no nos cuentan es que este sentimiento es temporal, superficial y muchas veces pasa muy rápido, dejándonos un vacío que no logramos entender. Pero existe un tercer camino, este es sin duda el que, aunque muchos llegan a él pocos se atreven a transitar, este es el camino de la equivocación. La equivocación podría ser una de tus más grandes aliadas si decides caminar con ella para entenderla y aprender de ella. A la equivocación no hay que tenerle miedo, hay que conocerla, porque si tenemos la actitud correcta hacia ella, lejos de estancarnos nos hace más sabios, más fuertes y más valientes.

La equivocación nunca se equivoca, somos nosotros los que nos equivocamos cuando no podemos interpretar la oportunidad que se esconde detrás del error. La equivocación siempre nos quiere llevar a cumplir una meta más alta, más grande, más poderosa de la que nosotros podíamos imaginar en el principio. Cuando metemos la pata es una de las más grandes señales de que estamos vivos, pues no se equivoca quien no hace nada. Y una cosa importantísima que he aprendido del error es que nos da la oportunidad de tomarnos la vida con humor. Aprendernos a reír de nuestros errores es una virtud que no muchos tienen y que sin duda nos hace el camino más ameno mientras alcanzamos nuestros sueños.

La equivocación no se equivoca, lo que quiere es llevarnos más lejos, hacernos más sabios y más fuertes, mientras nos enseña a reírnos de nosotros mismos. Yo quiero invitarte a que este año al igual que yo, vayas cumpliendo sueños entretanto te rías sin temor de la equivocación. ¿Te atreves?

Por Kenia Salas

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