El amor no duele

Y es que, si hay un mal que está consumiendo al mundo actual, es la soledad. Cada día más personas se sienten solas, aunque estén rodeados de muchos, porque la soledad tiene poco que ver con cenar solo, con ir al cine solo, con vivir solo.

Febrero, mes del amor, o por lo menos eso es lo que nos dicen por todas partes. Las redes sociales y el comercio, también aprovechan esta temporada de “amor en el aire” para incrementar un poco sus ventas. Muchos ya para esta época se comienzan a preocupar de con quien pasarán ese “día especial”, y es que, si ya pasaste de cierta edad y aún no tienes una relación estable, los amigos, la familia y hasta en el trabajo comienzan a ejercer cierta presión que al principio es posible esquivar, pero si no te plantas con fuerza en tu posición, en algún momento te hace tambalear, haciéndote creer que tu valor también lo determina con quien estás. Y es que, si hay un mal que está consumiendo al mundo actual, es la soledad. Cada día más personas se sienten solas, aunque estén rodeados de muchos, porque la soledad tiene poco que ver con cenar solo, con ir al cine solo, con vivir solo. Nos sentimos solos cuando no tenemos relaciones profundas, de esas que compartimos con las personas que nos hacen sentir cómodos y donde no nos sentimos juzgados, expuestos o envidiados. Estamos buscando relaciones con las que podamos desnudar nuestro corazón en un lugar seguro, con alguien que confiemos que no nos hará daño, pero ese tipo de relaciones en estos días sí que están bastante escasas.  

Y es así, como un día sin pensarlo mucho, nos lanzamos a la aventura del amor solo para llenar un vacío que no hemos podido llenar primero con el amor que nos debemos tener a nosotros mismos. Sucumbimos a la presión y tomamos decisiones apresuradas de las cuales después nos arrepentimos. Es que no hemos entendido que, para tener una relación estable, sana, profunda y duradera con otros, es fundamental que la tengamos primero con nosotros mismos. Pero no tenemos tiempo para hacerlo o no queremos descubrir cosas de nosotros que están guardadas allí adentro, como quien guarda el polvo debajo de la alfombra para estar presentables desde lo que se ve de afuera. Y así muchos andan por la vida, presentándose a otros como recién barridos, aparentando no tener nada escondido debajo de la alfombra y año tras año esa alfombra se engorda de tanta cosa que hemos ido guardando y cuando menos lo esperamos se nos estalla como una bomba en la cara. Y es entonces cuando decimos que el amor duele, que amar duele y que si es amor de verdad debemos soportar y aguantar todo lo que se venga. Nos escudamos en las experiencias propias y ajenas de lo complejo y dificultoso que ha resultado desde nuestras elecciones ser el amor. Pero, ¿será que el amor sí es difícil o solo es la excusa de los que no quieren levantar la alfombra y hacerse cargo de sus guardados?  

El amor no duele, duele el alma cuando tratamos de amar al otro desde las carencias que hemos ido coleccionando. El amor no duele, duele el tiempo que dejamos ir mientras forzábamos un amor no correspondido. El amor no duele, duele el orgullo de aceptar que nos equivocamos. El amor no duele, duele la historia que nos inventamos. El amor no duele, duelen las manos de retener con fuerza a quien ya no quiere estar a nuestro lado. El amor no duele, duele la indiferencia de quien se traga a pedazos el corazón que un día le entregamos. El amor no duele, duelen nuestros ojos de lo ciegos que estábamos. El amor no duele, duele el corazón de los vacíos de los recuerdos que un día guardamos. El amor no duele, duele la impotencia de no poder rectificar los errores del pasado. El amor no duele, duele el descuido de no ocuparnos de nosotros mismos. El amor no duele, duele volver atrás y ver que desde siempre supimos que nuestra elección no fue la correcta. El amor no duele, duele la cabeza de lo testarudos que fuimos pensando que el tiempo todo lo arregla. El amor no duele, duele no haber hecho una pausa desde el principio para arreglar lo que aún yo no tenía resuelto. El amor no duele, duele la costumbre que no sabemos como superar en medio del silencio.

Un día pasé por el camino donde las circunstancias me hicieron creer que el amor es dolor, pero de alguna forma pude entender que si duele en realidad no es amor. Escribo estas palabras con la esperanza de llegar a muchos de los que hoy están sobreviviendo a las pérdidas, a la soledad, a la inestabilidad o a la desesperanza amorosa, para decirles que el amor no es dolor. El amor es responsabilidad, responsabilidad ante todo contigo, para que no confundas lo que otros te ofrecen como amor que en realidad puede ser cualquier cosa menos eso. Lo que te parece amor, podría ser un capricho, un “mientras tanto”, un “yo lo voy a cambiar”, o una elección no meditada pero que cubre temporalmente la necesidad de ser aceptado. Pero si desarrollas y cultivas tu amor propio antes de comenzar cualquier relación, no aceptarás, no elegirás por alguien que te valore menos de lo que tú ya lo haces contigo. Si te duele, entonces no te conviene. El amor es compresión, es paciente, es compasivo. El amor es acompañamiento en cada parte del camino. El amor es un constante ajuste de ambas partes para que llegar a acuerdos en donde los dos quedemos contentos. No es fácil, es un desafío amar al otro sin anularte, pero se puede, si ambos están comprometidos en hacerse feliz el uno al otro sin dañarse o maltratarse. 

El amor no duele, el amor es un compromiso que ambos hacen de cuidarse, de apoyarse, de impulsarse. El amor es verse mutuamente a los ojos con la complicidad de que ambos se acompañan mientras cada uno va cumpliendo sus sueños. . . el amor no duele.

Por Kenia Salas

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