Es que 16 años no se los brinca cualquiera

Esteban no se imagina de lo que escribiré en el blog de esta semana, será una sorpresa para él cuando se vea en la foto de la portada. Precisamente hoy escribiré un blog muy personal, porque quiero que sea una declaración pública del amor que le tengo.

¿Qué le regalas a quien le has compartido casi la mitad de tu vida? ¿Qué podrías decir o hacer para sorprenderlo? Después de pensarlo y meditarlo muy bien llegué a la conclusión de que un buen regalo para hoy podría ser intentar dejar estampadas para la posteridad en este blog, las palabras que representan los sentimientos más profundos de mi corazón. Estas palabras de hoy son para Esteban con quien he vivido lo bueno, lo malo, lo lindo, lo feo, lo difícil, lo fácil, lo dulce, lo amargo, la salud, la enfermedad, la vida, la muerte, lo escaso, lo abundante, lo cierto y lo incierto. Pero también quiero dejárselas a mi hijo y a los nietos que sin duda algún día vendrán, como un recordatorio de que el amor existe, es real, es verdadero, pero no tiene mucho que ver con el que nos pintan en las películas. Hoy 28 de febrero hace 16 años, en una mañana preciosa de año bisiesto, dijimos sí. Dijimos sí con la inocencia y el ímpetu con que responden aquellos que no solo creen tener toda una vida por delante, sino que además tienen todas las fuerzas y ganas de salir a conquistar al mundo. Esteban no se imagina de lo que escribiré en el blog de esta semana, será una sorpresa para él cuando se vea en la foto de la portada, yo se que no lo espera porque estas cosas tan personales difícilmente las comparto por las redes, pero precisamente hoy escribiré un blog muy personal, porque quiero que sea una declaración pública del amor que le tengo, pero también porque deseo que aquí pueda venir a revisar cuantas veces quiera mis palabras por si un día no estoy presente. 

El inicio de nuestro noviazgo podríamos decir que sí fue de película, cada vez que contamos la historia a alguno de nuestros amigos siempre terminan en suspenso y conmovidos, pero los detalles de cuando empezamos a ser novios no se los contaré ahora, otro día quizás se los cuente. Lo cierto es que por aquellas fechas los dos estudiábamos arquitectura. Un día sin esperarlo, sin ser amor a primera vista, sino más bien el mutuo descubrimiento sereno y paulatino de la riqueza interna de cada uno, fue cuando llegó el flechazo. Compartíamos los mismos intereses que cualquier estudiante de arquitectura podía tener, queríamos viajar por el mundo, aún lo queremos y nuestro hijo heredó esta locura mochilera también, conocer otras culturas y en pocas palabras experimentar y vivir la libertad de ser ciudadanos del mundo. Al poco tiempo de comenzar nuestro noviazgo nos graduamos y allí iniciamos la aventura de la “vida seria”. Solteros, sin muchos compromisos más que alimentarnos, decidimos emprender en nuestro propio estudio de arquitectura y hasta la fecha aquí estamos gracias a Dios. Pero esos son los antecedentes de lo que vendría después. Estuvimos de novios seis años. Seis largos años ininterrumpidos de noviazgo porque yo no me atrevía a dar el sí. Tenía tanto miedo a decir que sí, tenía tanta incertidumbre de lo que nos depararía el futuro, tenía tanto miedo de cómo haríamos para salir adelante en la vida. 

¡Aquí vamos de la mano desde hace ya 16 años!

Un día entendí que amor y miedo no son compatibles, y el amor que yo sentía por Esteban definitivamente era más grande y más fuerte que todos mis miedos. Digo sentía porque ese amor hoy no es el mismo. El de aquella época, aunque era real, no se puede comparar con lo que siento hoy, 16 años después. El amor de hoy es más maduro, más grande aún, más fuerte y yo podría asegurar que es un amor todo terreno. Con los años, cada prueba y dificultad que la vida nos ha ido presentando y que hemos podido superar ha sido un ascenso de nivel, porque cada día Dios nos equipa para el siguiente desafío, para el nuevo reto y esto ha hecho muy interesante nuestra vida. ¿Qué cómo se puede mantener vivo el amor a través de los años? La verdad a mí nadie me lo dijo, nadie nos lo enseñó, solo hemos ido juntitos, un paso a la vez, con fe y con la esperanza de que en los momentos más oscuros Dios ilumina nuestro camino. También hemos aprendido a reírnos de la vida, a ser flexibles, a adaptarnos y a bailar la música que nos pongan. Una de las cosas que me encantó de Esteban fue que siempre ha querido bailar conmigo. Sí, aunque parece extraño esto que estoy diciendo, para mí es muy simbólico y representativo. Tengo que reconocer que quizás yo soy más pachanguera que él, yo no puedo escuchar música sin tener el impulso de ponerme a bailar, así he sido desde que tengo uso de razón. Esteban, sin embargo, más pausado, más “normal”, menos impulsivo, me ha seguido la corriente desde que comenzamos a ser novios 22 años atrás. Y siempre he pensado que en la vida cada circunstancia es una excusa para bailar, para movernos y descubrir así si somos capaces de levantarnos, superar con humor y buena actitud las caídas y seguir avanzando. 

Así fue que me enamoré del hombre con el que pude vislumbrar mis días bailando. Me enamoré de Esteban cuando descubrí en él el entusiasmo para llenar mi vida de música. Claro, la vida nos ha sorprendido con los ritmos que ella ha querido, algunas veces muy alegres, muy latinos, muy movidos, otros, los de las temporadas tristes, con acordes melancólicos, más sosegados y reflexivos, pero sea cual sea la música, siempre su sonrisa y su mirada han sido mi medicina. Me enamoré del hombre que hizo todo lo que pudo cuando me vio desmoronarme ante la muerte de nuestros hijos. Me enamoré de Esteban que me sostuvo para no caerme cuando yo no podía sostenerme. Me enamoré del hombre que le gusta seguirme el juego, me enamoré de Esteban porque nunca se ha cansado de las locuras que se me ocurren con frecuencia. Me enamoré del hombre que ha comprendido que yo soy una en muchas y muchas en una sola. Me enamoré de Esteban porque no solo comprende mis más insólitas ocurrencias de estar siempre aprendiendo y haciendo cosas diferentes, sino que además se convierte en mi fan número uno. Me enamoré del hombre que disfruta mis constantes cambios de look, porque, ¡qué aburrido siempre andar igual! Me enamoré de Esteban que me ama tanto o más sin importar el color o corte de cabello con el que de vez en cuando lo sorprendo. Me enamoré de Esteban porque siempre tiene en la punta de la lengua una palabra linda que me anima. Me enamoro todos los días nuevamente de Esteban porque con el ejemplo le muestra a nuestro hijo que el amor existe y es posible mantenerlo vivo. Jamás imaginamos que después de 22 años de novios y 16 de matrimonio hoy estemos aquí como si estuviéramos empezando. ¡Es que 16 años no se los brinca cualquiera!

Ya aquí con algunos añitos de casados

Hoy es un día de celebración, hoy es un día para exaltar al amor y para volver a creer que sí se puede cuando los dos quieren. No somos perfectos, al contrario, somos tan humanos, tan reales, tan frágiles y vulnerables, que nada sería posible sin Dios en nuestras vidas y sin las ganas de cada uno de hacer que este amor siga creciendo. Esteban gracias por todos estos años, gracias por estar siempre presente, gracias por apoyarme en todas mis locuras, por creer en mí, por impulsarme. Gracias porque has cumplido tu palabra de cuidarme y protegerme todos los días desde hace tantos años. Es que 16 años no se los brinca cualquiera, tampoco nosotros nos los hemos brincado. En todos estos años hemos aprendido que el amor se construye un poquito todos los días, que a veces el silencio es mejor que mil palabras y otras veces no decir nada es como una puñalada en el alma, pero aquí vamos y seguimos aprendiendo porque nos falta mucho, porque todavía luchamos con los miedos y con los nuevos retos de todos los días. Aunque me fue muy difícil decidir decirte que sí hace 16 años, si hoy me lo preguntaras sin pensarlo dos veces me apresuraría a responderte. Te amo, te amo con un amor que no puedo explicar pero que sin duda llegó para quedarse. Y como dice la canción de Carlos Vives y Alejandro González, Esteban aquí estaremos juntitos, “hasta que seamos viejitos y la piel se nos arrugue de a poquito de tanto reírnos y tantos besitos que nos dimos”

¡Hasta que seamos viejitos!

P.D. Gracias a mi amiga querida por la foto que nos tomó en la última boda a la que fuimos y hoy no pude encontrar mejor foto de portada. 

Por Kenia Salas

2 respuestas a “Es que 16 años no se los brinca cualquiera

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