agradecimiento, autoconocimiento, contribución, crecimiento, motivaciones, significado

La vida es para bailarla

¡No hay nada más maravilloso que la vida! La vida es un regalo que todos hemos tenido la dicha de recibir, aunque ni siquiera seamos muy conscientes de ello. Cuando nacemos la vida misma llega con nosotros y esa vida tal cual la conocemos, nos acompañará hasta el último día que estemos por acá en la tierra.  

La vida es nuestra esencia, es nuestro aliento, es tener la oportunidad de poder levantarnos cada mañana a conquistar nuestros sueños, a pesar de los constantes desafíos, dificultades y dolores. Sí dolores, porque vivir es movimiento, vivir es avance y transformación continua y en ese crecimiento siempre habrá algo de incomodidad. 

No nacemos sabiendo cómo vivir, eso es algo que vamos aprendiendo en el camino. Algunos lo aprenden más rápido que otros, algunos con más gracia que otros, con menos miedo que otros dándose el chance de jugar con el riesgo e incluso, hay quienes se toman la vida con más sentido del humor que otros.

Al principio, en nuestra infancia, la vida quizás no la sentimos tan complicada como la vamos sintiendo conforme vamos creciendo. Y claro, es lógico, porque a medida que crecemos, las responsabilidades son mayores, las relaciones se vuelven más complejas, las decepciones y frustraciones crecen, y los cambios repentinos de planes hacen de que la vida se nos convierta en un camino menos disfrutado y más sufrido. Por supuesto que todo esto depende de los ojos de quien los mire o de las fuerzas que tengamos en esos momentos.

Por muchos años sufrí la vida. Cansada de luchar con los problemas permití que no solo las preocupaciones grandes, esas que te hacen temblar de miedo y paralizan el alma, sino que también las pequeñas, las cotidianas y rutinarias de todos los días, me dejaran tendida en el suelo sin fuerzas y ganas de levantarme para seguir adelante. 

De tanto pelear con las dificultades, según yo para ganarles, me desgasté y poco a poco me apagué sin saber cómo vivir. La vida se me fue escurriendo y de pronto ya no vivía solo sobrevivía, y hay un abismo de diferencia entre una y la otra. 

Me tomó mucho tiempo darme cuenta y aceptar que los problemas no tienen el poder de cansarme y vencerme, a no ser que yo se lo permita. Me fue difícil aceptar que me estaba apagando porque en ese tiempo no contaba con los recursos emocionales para afrontar los obstáculos de la vida.

Descubrí que de tanto pelear, en algún punto del camino había perdido el enfoque de mi vida, me había perdido de vivir y disfrutar tantas cosas hermosas que se nos presentan todos los días. Sin dudarlo, pero con mucho miedo decidí aprender de mis errores y darme el tiempo y atención necesarios para crecer como persona y así tener las herramientas necesarias para seguir disfrutando la vida. De todo este crecimiento personal surge mi deseo de escribir para que, desde mi experiencia poder ayudar y aportar a otros que se sientan como yo me he sentido.

Hoy quiero presentarte un pedacito del resultado de todo el dolor hecho conocimiento y aprendizaje, hoy muy feliz y con la esperanza de que mi trabajo sea una luz en medio de la oscura desesperanza les presento mi más reciente libro, “La vida es para bailarla, no para sufrirla”.

“La vida es para bailarla, no para sufrirla”, es un compendio de lecciones prácticas que he ido aprendiendo a lo largo de esas temporadas difíciles, pero sobre todo de lo que aprendí cuando cambié el enfoque. Ya no peleo con los problemas, ahora no les doy tanta importancia y decido bailarles en la cara. No digo que sea fácil este cambio de visión, pero si te aseguro que te devuelve el brillo y la pasión que necesitas para vivir, para trabajar por tus sueños, para ser feliz, para llenar tu vida de agradecimiento por todo y en todo y dejar de sobrevivir. 

Estas reflexiones son las lecciones que me costaron tanto aprender, las meditadas y ya probadas que me han ayudado a sobrellevar los momentos de dificultad. Todo esto me ha ayudado a tomarme con filosofía las situaciones difíciles de la vida, y también a estar más atenta para no perderme todo lo bueno que me rodea. Deseo con todo mi corazón que también te sea de ayuda y que comiences a bailar la vida sin importar la música que te pongan. 

¡El baile está por comenzar!

Por Kenia Salas

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