autoconocimiento, autoestima, crecimiento, significado

A la de ojos grandes de color extraño

Un día me miré al espejo y esa a la que yo conocía y que había visto por años ya no estaba allí. A la de ojos grandes de color extraño la busqué, la llamé, ¿será que la perdí? Me gustaba encontrarme con ella en el espejo cada vez que pasaba por ahí, porque la de ojos grandes no necesitaba abrir su boca para decirme lo que nadie más se atrevía a decir. Ella hablaba con su mirada y si algo me dolía o me incomodaba, esos ojos grandes sí que me calmaban. La de ojos grandes siempre fue sincera, siempre fue certera y aunque algunas veces no tenía cosas lindas que decir, valoraba su honestidad porque en el fondo sabía que sólo quería que yo cada día fuera más libre y feliz. 

Aprendí a apreciar mis ojos grandes cuando descubrí que me servían no sólo para ver, sino también para consolar, para abrazar y sobre todo para amar. ¿Cuánto bien se puede hacer en una mirada y cuánto daño también? En realidad, los ojos sólo pueden transmitir lo que llevamos por dentro porque difícilmente nos dejanmentir. Algunos más astutos y entrenados logran de vez en cuando engañar y decir a otros con sus miradas cosas que ni siquiera tienen una pizca de verdad. Pero la de los ojos grandes que yo bien conocía, ella, ella no podía por más que quisiera disimular lo que sentía, porque sus ojos grandes no se lo permitían. 

Crecimos juntas, siempre juntas desde niñas, pero ella mantuvo por siempre su inocencia y verla a los ojos era volver a ver la niña que fui y todo lo que viví. Nos hicimos cómplices de las alegrías de juegos infantiles, de los sueños extraños que uno sueña de niña, pero también nos acuerpamos para no sentirnos solas, cuando necesitábamos sobrevivir al miedo de no ser queridas por los que más queríamos, de los gritos y de esas miradas indiferentes que nos hicieron tanto daño. El desamor también se ve en los ojos, cuando una no es aceptada, cuando no encajas porque quieres ser amada y respetada y llegan esas miradas que tratan de ahorcarte para robarte el aliento y con él la vida. 

La descuidé, ahora que lo pienso bien, la de los ojos grandes trató de contarme como se sentía, pero yo porque no quería volver a sentir mis miedos de niña, la ignoré. Ella tenía un dolor, algo le molestaba, lo sé porque sus ojos grandes cambiaron de color por uno aún más extraño del que normalmente tenía. Ya lo había visto antes, porque cada vez que a la de los ojos grandes algo la entristecía el color de sus ojos le cambiaban sin explicación. ¡Qué error cometí! Ella, la que siempre estuvo allí, a mi fiel compañera de todos los días la ignoré en su llamado de desesperación. Ella es una niña, ella quizás, es la que se ha llevado la peor parte de las heridas y maltratos que el desprecio provoca sin remedio ni control. 

La llamo, la busco para encontrarla, porque la verdad sin ella yo no soy la misma. Ella, mi fiel compañera y cómplice del espejo, es el reflejo más sincero y honesto de lo que soy y de lo que siempre he sido, una niña inocente y entusiasta con ganas de vivir pero que el abandono y la indiferencia fueron apagando poco a poco su luz interior. La necesito, yo sin ella ya no soy la misma, esos ojos grandes son las ventanas que me permiten conectar conmigo y esconderme de este muchas veces crudo y tan convulso exterior. Pero a como a todos creo que nos pasa, algunas veces la tormenta más intensa, no es la que vemos allá afuera sino los miedos y dolores de los pensamientos que por muchos años se nos han ido escurriendo allí adentro, en los rinconcitos de la mente y también del corazón. 

Y eso creo fue lo que pasó, que mis pensamientos almacenados desde hace mucho tiempo hicieron tanta bulla, movieron tantas cosas que la de ojos grandes terminó agotada, casi que drenada de tanto tratar de acomodar lo que según ella debía funcionar. La voy a encontrar, porque si yo aún sigo aquí, ella debe estar escondida en algún rincón protegiéndose para que ya nadie la vuelva a lastimar. La voy a encontrar y esta vez no seré grosera, no la voy a ignorar, quiero saber lo que siente y si aún hay, después de tanto tiempo alguna forma de sanar. La voy a encontrar porque yo también soy ella y ella sin mí tampoco puede vivir.

Y mientras tanto quiero decirle a la de ojos grandes de color extraño que me duele mucho que te hicieran tanto daño. . . ¡Te necesito aquí conmigo!

Por Kenia Salas

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